Lucas Avaca, el cabezón, o como quieran llamarle. Un histórico, un tipo que no se canso de ponerse la camiseta para darle alegrías al club, a los que mirábamos los partidos y veíamos su “gambeta sin pelota”, “no puede ser, mira la que hizo en 1 metro cuadrado, es un …”.


Un hombre que hoy expresa su historia como puede, con la garganta trabada por la angustia, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia. Su historia es increíblemente más extensa y llena de momentos de gloria y de los otros, mucho más larga que este párrafo. Pero hoy no le cabe otra cosa que estas palabras, me voy a limitar a colocar lo que me fue entregado. Porque así debe ser, cada uno emite sus sentimientos como puede y como sale de sus entrañas, cuando está en juego su historia, su identidad, sus seres más queridos.

Creo que por respeto a el y a los que ya no están, esos seres que seguimos amando y que nos dan la fuerza necesaria para seguir peleando por los que nos quedamos acá abajo, en esta jungla de cemento y un poco de “pasto” que irónicamente, como una “mueca” absurda del destino, ese pedazo de pasto es el que hoy nos quiere sacar.

Solo me fue enviado este texto y una foto. Eso HOY resume su historia, su angustia y su dolor, dolor que le da tener que sentir a Edu (su papa) a través de una computadora, sin poder entrar a su casa. Da escalofríos pero pareciera que Eduardo nos estaba dejando ese legado, esa frase, que en este momento es tan contundente como dolorosa: “Este es mi lugar” (en el mundo)

Les dejo sus palabras solo me queda expresar lo que es la expresión de una mayoría: “Gracias “Cabezón” por lo que hiciste, por lo que haces y por lo que harás por tu club, por tu casa, por tu historia, por tu familia, por tu identidad”.

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