Queremos comunicar a toda la comunidad del Rugby de nuestro Club, que las canchas

y espacios de entrenamiento, en horario de entrenamiento y partidos, son de exclusivo uso de

jugadores y entrenadores, pudiendo permanecer solo y solo ellos, más el manager de la

división dentro de estos espacios. Por lo tanto solicitamos a todos los acompañantes que se

ubiquen fuera del espacio de partido o entrenamiento (fuera del perímetro de la cancha o del

otro lado del alambre), para cumplir con las directivas expresadas en el artículo 12 del

reglamento de Instalaciones, Canchas y Colores de la URBA.

Contamos con su colaboración para mantener el buen concepto que hemos logrado,

luego del trabajo que venimos llevando adelante en este aspecto, frente a los árbitros.

Les recordamos que los chicos vienen a aprender un deporte, compartir, esforzarse,

sacrificarse, desarrollar habilidades y valores como la humildad, amistad, perseverancia,

compromiso, amor por su club y camiseta y a aprender a respetar a los rivales, compañeros y

árbitro, pero fundamentalmente vienen a divertirse.

Adicionalmente, solicitamos mantener la cordura mientras disfrutan del partido de sus

hijos, sin objetar fallos del árbitro, aunque se equivoque; sin criticar actitudes de los rivales, ni

de entrenadores propios y ajenos, porque todos vienen a pasar un buen rato igual que sus

hijos.

Entre tantas cosas que uno lee, a veces encuentra alguna que está buena y estas dos

son de esas buenas. Me gustaría que las lean…

¿Usted sabe señor? Yo tengo un hijo rugbier… Un buen día apareció por casa con la novedad de

que quería jugar al rugby. Al principio traté de sacárselo de la cabeza. Le confieso que con mi

señora teníamos un poco de miedo, nos parecía un deporte muy brusco y peligroso. Pero ante

su insistencia accedimos por fin a que probara -“PROBARA” nada más- con la esperanza, como

había ocurrido antes con todo lo que había emprendido, y pronto se cansara y abandonara.

Y ahí empezó la cosa, mejor dicho los entrenamientos y al poco tiempo los partidos (comprar

botines, camiseta, medias, etc., etc.). Ante mi sorpresa su entusiasmo no decrecía, al contrario,

aumentaba con el tiempo, hasta que un buen día le dije a mi señora “vieja, hoy juega en el

club, vamos a verlo”.

Usted sabe señor, cuando salieron a la cancha sentí un nudo en la garganta al verlo tan

chiquitito con su uniforme del Club y la cancha tan grande…Cuando nos vio pareció crecer

como si nos dijera “¿Ven? Formo parte del equipo del club”.

Después comenzó el partido… ¡Ay señor! Que mal rato pasé. Todos se peleaban por la pelota y

cuando alguno la conseguía lo tiraban al suelo y empezaban de nuevo… íntimamente deseaba

que él no la agarrara… pero la agarró y el mundo se le cayó encima; casi entro a la cancha para

salvarlo. Pero pasó la jugada y se paró y siguió corriendo con todo entusiasmo y al fin terminó

el partido. Y ante mi asombro vi como se abrazaba con los rivales y así salían todos de la

cancha. Vea señor… en ese momento una leve luz comenzó a hacerse en mi cerebro y quise

saber un poco más de ese deporte que yo desconocía, donde después de andar a los revolcones

por la pelota, salían de la cancha de esa manera, riéndose y comentando el partido…

Y comencé a concurrir más asiduamente y a entenderlo cada día un poco más, a entender sus

leyes. Y ocurrió lo inevitable… Un día en un partido -para ese entones yo me creía un erudito-

me pareció que un referee se había equivocado y en lo más profundo de mi ser, como hincha y

como padre, discutí con ese referee al finalizar el partido. Lo recuerdo como si fuera hoy: él era

un poco mayor que mi hijo y cuando estaba demostándole su proceder, vi a mi hijo que pasaba

al lado nuestro abrazado con un chico del equipo contrario…Y vea señor… nunca voy a olvidar

la mirada de reproche que vi en sus ojos y lo que después en casa me explicó.

“Mirá papá –me dijo- a mí me enseñaron que el rugby es un deporte de caballeros, donde todo

se hace por amor al deporte, y nosotros acatamos y cumplimos eso. Y si alguien se equivoca lo

vamos a aceptar porque alguna vez nos vamos a equivocar nosotros y lo van a aceptar del

mismo modo”… ¿Y usted sabe señor?… después agregó. “Hoy me hiciste quedar mal ante

compañeros y contrarios; por eso, para tratar de enmendar tu error te pido un favor (a esta

altura yo creía que me iba a pedir que no fuera más a verlo; sin embargo no fue así) “…y ese

favor es que vayas a verme cinco partidos y que durante ellos, hagas el sacrificio de no hablar

una sola palabra ni a favor ni en contra”.

Le juro señor que estaba tan avergonzado que acepté sin vacilar y durante esos cinco partidos

comprobé que podía haber equivocaciones pero en la mayoría de las veces el equivocado era

yo, y sin protestar, no solamente apreciaba mejor el partido; también pude darme cuenta de

que detrás de cada silbato de un referee hay un ser humano, joven o viejo, que tiene algo en

común: su gran amor por el rugby. Ese amor, esa gran dedicación, no merece la afrenta de la

duda.

Y esta fue una respuesta a la carta anterior;

“A mi me pasa lo mismo sabe señor. Descubrí que el Rugby para mis hijos es una parte de sus

sentimientos empapados de pasión. Ellos aprendieron a ver la vida de otra manera, primero a

verla en grupo y no como individualidades; aprendieron que todo se resuelve “juntos”, que la

vida es Rugby y Rugby es su vida; aprendieron la responsabilidad de entrenarse para no

defraudarse y no defraudar al equipo, porque realmente es uno para todos y todos son uno, y

cada gota de sudor en la cancha es una gota colectiva de sacrificio y esfuerzo.

Mis hijos aprendieron con el rugby que la solidaridad es en la cancha, como en la vida, hicieron

la teoría del big bang en botines, una gran explosión en equipo que da origen a un universo de

personas y su sol la ovalada, todos alrededor de ella en equilibrio y con energías para que no se

apague.

Mis hijos, señor, también me retaron cuando desde afuera de la cancha con cámara en mano

me salió un ladrido al ver que los golpeaban, que caían al pasto en cámara lenta (para una

madre caen en cámara lenta, desespera) . Me enseñaron a callarme y esperar, a tener

paciencia, porque, como en la vida, tropezamos y caemos, pero también nos levantamos con la

fuerza silenciosa que nos da el ser parte de un equipo. El Rugby los ayuda a crecer… a ser

autónomos, a independizarse de los mayores y aferrarse a los catorce restantes.

Usted Sr. también siente bronca cuando no puede ir a verlos jugar??? A veces la vida nos lleva

a estar ausentes en un partido, pero lo bueno del Rugby es que llegan a casa y pueden, con ese

sentimiento, relatarte el partido entero en detalles y vos sentir que estuviste ahí, viendo,

sintiendo, alentando y embarrándote con ellos…

La pucha. Sr, yo no sé si a ustedes le pasa lo mismo que a mí, pero el rugby me enseño que mis

hijos (y sus hijos) son respetados como personas y como conjunto, que cooperar, sacrificio y

pasión son primordiales para que crezcan sanos y con valores… a mi como mama, el rugby me

dio hijos maravillosos, porque no es solo el tuyo, son todos, los quince y la ovalada los que

aprendés a querer como propios también.

Sr. Sigamos Fomentando el RUGBY, sigamos alimentando pasiones y sueños, sigamos

acompañando a nuestros hijos en esta aventura sobre botines, porque el tiempo nos trae y

traerá las maravillosas sensaciones de verlos SENTIRSE VIVOS Y FELICES!!!”

Esperamos contar con su colaboración.

Comisión Directiva

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